¿protegen correctamente las mascarillas de tela?

Con el fin de establecer una mejor información a las personas consumidoras se ha creado una orden ministerial que aporte luz a la seguridad y calidad de las mascarillas higiénicas.

Se pretende evitar que se puedan comercializar bajo la denominación de mascarilla higiénica o cobertor facial comunitario aquellos que no cumplen con los requisitos exigidos.

Algunas de estas novedades,  giran en torno a la clasificación de las mascarillas, ensayos y métodos analíticos, aspectos de seguridad concretos, tallas y marcado.

Los expertos han demostrado la eficacia de este tipo de mascarillas siempre y cuando los materiales y el diseño cumplan los requisitos.

Se sabe con certeza que el modo de transmisión de este nuevo virus, SARS-CoV-2 se produce a través de aerosoles. Y este dato es clave para luchar en la prevención del contagio.

El contacto por vía aérea implica que es bastante más sencillo contagiarse. El virus puede viajar más lejos y permanecer en suspensión durante más tiempo alojado en gotitas microscópicas que expulsamos cuando hablamos, reímos, estornudamos, etc.

Por eso, desde que conocemos este dato se hace más hincapié en permanecer en espacios abiertos y al aire libre que en lugares cerrados y/o mal ventilados.

Cualquier mascarilla reduce la probabilidad de contagiarnos y haría que la infección fuera más leve. Ahora bien,  debemos buscar los materiales y el diseño adecuados conociendo que  lo que tenemos que filtrar son aerosoles infecciosos de tamaños  de entre 0,5 y 10 µm.

La eficacia de cualquier mascarilla depende de tres factores:

  1.  capacidad de filtración
  2.  ajuste y
  3.  respirabilidad o la facilidad con la que el aire pasa a través del material.

Lo más difícil a la hora de elegir un material para hacer mascarillas es encontrar uno que sea lo suficientemente eficaz como para retener partículas, y a su vez deje pasar el aire.

En las mascarillas, cuanto más pequeños sean los poros, mejor será el mecanismo de filtración, pero más difícil será respirar a través de ellos.

Las pruebas para la aprobación de mascarillas se llevan a cabo midiendo si partículas de 0,06 micrómetros pasan a través de una mascarilla cuando el flujo se fija en 85 litros por minuto, que es equivalente a una respiración rápida. Añadido a esto, las mascarillas tienen varias capas superpuestas, lo que fija la posibilidad de que pase una partícula o un virión, en menor del 0,1%.

Evidentemente las mascarillas tipo FFP2/N95 (también llamadas respiradores, EPIS, o mascarillas auto-filtrantes) tienen unos niveles de filtración óptimos pero tienen muchas deficiencias en cuanto al diseño lo que provoca fugas.

¿Y eso qué significa? significa que si compramos una mascarilla con un certificado óptimo que solo evalúe el material pero que no ajuste bien a la cara, NO nos va a proteger.

En el caso de las mascarillas de tela la eficacia de filtración depende de factores como el número de hilos, el espesor, la composición de la tela, la resistencia al agua, el número de capas, el diseño y el ajuste. Con la acertada combinación de todos esos factores, podemos obtener mascarillas tan buenas como las mascarillas médicas. Se ha calculado que una mascarilla de tela, usada correctamente, puede reducir el riesgo de exposición al SARS-CoV-2 de 2 a 10 veces.

Hay varias formas de mejorar la eficacia de una mascarilla de tela: con un tejido con más gramaje y con más capas. Una mascarilla de tela bien diseñada debe tener una tela resistente al agua, múltiples capas (al menos dos o tres) y un buen ajuste facial. Es super importante incluir un material flexible para ajustarla al caballete de la nariz. También es imprescindible que las puntadas y las costuras sean ajustadas y herméticas.

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